Publicado: 26 de Junio de 2018 a las 22:36


Mi vida en el kenpo comenzó el día de mi nacimiento, un caluroso 15 de agosto de 1980 en el que tuve la gran suerte de ver a mi maestro por primera vez. Sin tener conocimiento de ello, mi destino estaba enlazado directamente al kenpo y mis recién nacidos oídos ya oían la palabra kenpo por todos lados, esto era debido a que la persona que había llevado a mi madre al hospital de Linares en su seat 124 rojo, el hermano de mi madre y mi futuro maestro de kenpo, eran la misma persona, les hablo de Manuel Cuevas, a quien le debo ser quien soy hoy día. Según cuenta mi madre, él se empeñaba en que lanzase la patada frontal sin apenas saber caminar y los ejercicios de estiramientos estaban incluidos en mi día a día.

     Cuando enseñaba cuatro dedos de mi mano para decir la edad que tenía, mi tío y maestro me regaló mi primer kimono para así comenzar oficialmente mi enseñanza en la escuela de kenpo que había montado en Jódar, localidad donde mi familia se había trasladado recientemente. En mis recuerdos aparece aquel local, un gimnasio municipal que estaba situado en el campo de futbol del pueblo y donde había poco más que una espaldera, un potro olímpico, una maquina de remo y unas pesas. Recuerdo que por aquel entonces aquella habitación me parecía enorme, aunque seguro que era debido a mi corta estatura. Motivado por aquella ropa extraña que me habían puesto y por las palabras de mi tío, comencé a practicar kenpo karate. 

     Con el paso del tiempo mi cinturón iba cambiando de color y pronto comencé a entrenar a diario recorriendo todos los pueblos de los alrededores con mi maestro en su Ford Fiesta gris, Bedmar, Belmez de la moraleda, Huelma, Jimena… con gran ilusión viajaba cada día en busca de nuevos conocimientos y mi adicción al kenpo se satisfacía con aquellas clases, aunque a cambio , tenía que soportar la patética música que ponía el carroza de mi tío en su coche, “Tu no entiendes de música” me decía cada vez que me metía con él. En aquella época mis padres tenían que viajar continuamente en busca de trabajos de recolección en el campo y para que yo no perdiese colegio ni kenpo me dejaban en casa de mi tío durante esos meses, lo cual me permitía tener al maestro 24 horas para mí y en más de una ocasión soltábamos la cuchara para que pudiese explicarme alguna cosa que no entendía o no hacia bien.

      El tiempo pasaba y mi cinturón tenía color marrón de aquel kenpo karate tan primitivo que hacíamos en el que un cinto negro sabía menos de 40 técnicas cuando de repente llegó la división del kenpo karate en España debido a politiqueo que yo desconocía por mi corta edad, la única información que supe era que teníamos que cambiar de estilo de kenpo y así fue.

     Con nueve años aproximadamente comencé el aprendizaje del nuevo estilo y con diez años conseguí ser cinturón negro infantil y fue en ese año cuando por fin comencé a cosechar triunfos en las competiciones. Ese mismo año gané en la modalidad de formas el campeonato de España. El triunfo llego de sorpresa para todos. Tengo el recuerdo de verme enganchado a la chaqueta de mi tío diciéndole: “tito creo que me he clasificado, he salido un montón de veces a realizar mis formas” pero claro con todo el lio que formamos en las competiciones y por la cara que puso cuando me nombraron campeón, creo que no se enteró muy bien de lo que le decía, y sí, al nombrar al campeón de España, dijeron mi nombre. En ese momento estallo la alegría y todos me abrazaban y felicitaban. La película que vimos de Bruce Lee la noche de antes en el hotel hizo efecto, je je je, estábamos concentrados en el hotel haciendo zapin cuando de repente apareció el Furoz del Dragón y mi nivel de motivación subió a tope, ¡quería que llegase ya la competición! Todo esto son anécdotas inolvidables que siempre aparecen. Ese fue mi primer gran triunfo pero no el último pues es un honor para mí decir que desde ese día hasta el día de hoy en todas las competiciones que he participado me he clasificado.

     A partir de esta fecha el tiempo se detuvo y mi espera por la primera rayita roja se hizo eterna, seis largos años practicando con cinturón negro hasta que por fin cumplí los dieciséis años y pude examinarme para el primer dan. Aquí comenzó mi nueva etapa en el kenpo, mis comienzos como instructor estaban a punto de comenzar. Al superar mi examen, mi maestro me propuso que comenzase a impartir clases de kenpo en el colegio de un pueblecito de al lado de Jódar llamado Bedmar y yo con gran ilusión acepté. Al poco tiempo nos dirigimos al colegio con el fin de proponer que nos permitieran impartir clases de kenpo para los niños, al director le agradó mucho la idea y nos dio su consentimiento para empezar con la actividad. Mi alegría era plena pues llevaba mucho tiempo soñando con ese momento y por fin se iba a cumplir, aunque al mismo tiempo un gran nerviosismo invadía mi cuerpo al pensar la responsabilidad que recaía sobre mí y era inevitable preguntarme a mí mismo… ¿Realmente estás preparado Ángel? ¿Serás capaz de afrontar todas las responsabilidades que conlleva ser instructor?... Me armé de valor, motivación y ganas de hacer bien mi trabajo y aquellas dudas desaparecieron. Así que preparamos una exhibición para hacerla en el recreo del colegio con el fin de que los niños viesen un poco en qué consistía nuestro kenpo y en cuestión de unos días comenzó todo. Martes y jueves de cada semana recorría con mi moto los ocho kilómetros de distancia que me separaban de aquellos niños llenos de ilusión por aprender y divertirse conmigo. Cada día me esperaban en la esquina del colegio y corrían locos de alegría al verme gritando: “sensei, sensei, sensei, ya está aquí el sensei”. Aquel sentimiento era supergratificante. Me encantaba ver como se esforzaban en clase por superarse, como avanzaban poco a poco con sus cualidades físicas y ver como crecían a mi lado. Lo que sentía en ese momento es lo que me hizo saber con seguridad que sería sensei para toda la vida. Unos años más tarde, comencé a dar clases en la ciudad de Linares, ciudad que me vio nacer y donde tengo muchos familiares y amigos. El gimnasio Aníbal confío en mí para impartir las clases de Kenpo y en poquito tiempo, las clases se llenaron con alumnos ilusionados por aprender nuestros Arte marcial.Al poquito tiempo decidí dar clases también en la ciudad de Jaén, y compaginaba las clases en ambas ciudades a lo largo de la semana, Creando así una gran cantera de kenpoistas en la provincia de Jaén. Durante estos años, a nivel competitivo, conseguí varios triunfos en campeonatos nacionales.

En el 2012 tomé la decisión de mudarme a vivir a Madrid en busca de mi progreso profesional y motivado por el amor. Dejé las escuelas de Linares y Jaén en manos de alumnos míos y comencé a dar clases en la localidad de Majadahonda (Madrid).  Las Rejas Open Club fue el complejo deportivo donde inicié mis clases Madrileñas y al año siguiente añadí una escuela más en la localidad de Las Rozas (Madrid) en el centro deportivo Burgo Sport Gym. Al poco tiempo la vida me llevo a comprarlo y terminé siendo el propietario del centro, lo que me obligó a dejar la escuela de Majadajonda. 

     Este mismo año 2013 llegó a mi palmarés el título más importante hasta esa fecha conseguido. Tras ganar el campeonato de España y ser seleccionado para participar en el campeonato mundial de Kenpo, viaje con la selección a Antalia (Turkia) donde conseguí la medalla de oro en la categoría de Combate al punto. Mi primer Título mundial, mi sueño cumplido, mi recompensa a tantísimos años de plena dedicación al Kenpo. Me costó varios días asimilar lo que había vivido en Turquía y que me había proclamado el nuevo campeón del mundo de kenpo. Tras regresar los pies a la tierra y volver al trabajo, más motivado que nunca, la escuela de las Rozas crecía cada vez más y el número de alumnos se multiplicaba mes a mes. 

     En 2014 volví a ganar el campeonato de España pero el Departamento Nacional de Kenpo, decidió que ese año la selección Española no participaría en el mundial. Así que no puede renovar mi título mundial.

      En 2015 campeón de España y seleccionado para defender nuestra bandera española nuevamente en Antalia (Turquia) donde conseguí mi segundo título mundial.

     En 2016 nuevamente campeón de España y este año si pude viajar como parte de la selección Española, en esta ocasión a Bucarest (Rumania) donde conseguí mi tercera medalla de oro del mundial de Kenpo. 

     En 2017 campeón de España y seleccionado para viajar a Albufeira (Portugal) y nombrado capitán del equipo Español. Aquí conseguí mi cuarta medalla de oro. 

     El 2018 a sido un año muy emotivo para mí. Tras una larga meditación, tomó la decisión de que sería mi último año de competición en competiciones oficiales dentro de la Federación. Llegó  el momento de la retirada, así que quería retirarme por todo lo alto, renovando mis títulos, y la presión se hacía mucho mayor que en otros años. Un año muy duro para mí pues acababa de trasladar la escuela a otro local y la verdad no fue fácil, pero como siempre luchando duro conseguí sacarlo todo adelante. Campeón de España 2018, y doble medalla de oro en el mundial 2018 celebrado en Budapest (Hungría) ponían el broche de oro a mi carrera deportiva y además la escuela en su mejor momento con casi 200 alumnos entrenando conmigo, que como siempre digo, este es el premio que mas valoro de todos, poder enseñar y trasmitir mi pasión por el kenpo. Nos vemos en los Tatamis.